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Juego LImpio, La Etica en el Deporte.

Para tener éxito en el deporte, necesitas la actitud adecuada. La honestidad, la dignidad, el juego limpio, el respeto, el trabajo de equipo, el compromiso y el valor son esenciales para una actuación deportiva memorable. Todos estos valores pueden resumirse en el término 'juego limpio'.
El juego limpio tiene que ver con las elecciones que haces: qué está bien y qué está mal. La gente se fijará en cómo juegas según las normas.
Te ganarás fama de buen o mal deportista y te seguirá mucho después de que acabe la competición. Puede determinar cómo te trate la gente incluso antes de que lleguen a conocerte. Para ajustarte al espíritu del deporte y forjarte una buena reputación, siempre debes:
Mostrar respeto por ti mismo y por los demás (competidores, árbitros y personal);
Respetar las normas de la competición y del deporte limpio;
Ser tanto buen ganador como buen perdedor;
¡Divertirte y disfrutar por ser parte de la acción!
El deporte no tiene mucho sentido sin el juego limpio. Practicamos deporte por la oportunidad de mostrar nuestros talentos únicos, para compartir, para hacer amigos y para divertirnos. El juego limpio hace todo eso posible.
BARRIO CEVILLAR

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Donación de terrenos:En 1953, Celio Villalba Rodríguez, un empresario de Santander, donó los terrenos donde hoy se asienta el barrio Cevillar.
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Construcción:El barrio fue inaugurado en 1954 y su nombre es un acrónimo de los apellidos de su donante.
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Expansión:El desarrollo se llevó a cabo en varias etapas, comenzando con las primeras casas en el sector que va de la carrera 16 a la 14, y de la calle 45E a la 46. Posteriormente, se construyeron viviendas con techos de concreto y se ampliaron las calles y callejones.
Características del Barrio
Historias del Fútbol
Las 10 historias más insólitas del fútbol.
Por
Luciano Wernicke se ha dedicado por años a investigar sobre las anécdotas más exóticas que se han vivido en el fútbol. Y aquí escribe para SoHo diez de ellas, donde la realidad literalmente supera la ficción.

1. El arquero manco
Poco antes del comienzo del campeonato argentino de primera división de 1906, el arquero José Buruca Laforia pasó al club Alumni y dejó a su exescuadra, Barracas Athletic (institución hoy desaparecida), sin un guardametas titular. Ante esta situación de emergencia, Barracas se vio obligado a probar jugadores “de campo” en el arco. Como ninguno se destacaba en esa función, cada jornada se experimentaba con un nuevo candidato para el puesto vacante. El 26 de agosto, los hombres de Barracas debían trasladarse a la localidad de Campana —situada a unos sesenta kilómetros al norte de la ciudad de Buenos Aires— para enfrentar a un Reformador, un modesto conjunto integrado por los empleados de un frigorífico. Esa fría mañana solamente ocho futbolistas se presentaron en la estación de trenes para efectuar el viaje hacia la cancha rival. Ya en camino, a la hora de plantear una estrategia para contrarrestar la desventaja numérica, se le encomendó la difícil tarea de custodiar los tres palos a Winston Coe, uno de los socios fundadores del equipo, quien habitualmente se desempeñaba como defensor. En la cancha, la estrategia instrumentada por el disminuido Barracas sirvió de poco frente al conjunto completo de Reformer, que se adjudicó una contundente victoria por 11 a 0. Empero, las crónicas periodísticas de la época elogiaron la labor de Coe quien, a pesar de contar con una deficiencia física, evitó que Barracas sufriera una goleada aún más humillante. Y no era para menos, ya que al improvisado arquero... ¡le faltaba el brazo izquierdo!


